Un voto ¿cargado de futuro?

Decía el gran poeta guipuzcoano Gabriel Celaya que la poesía era “un arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho”… A veces uno piensa si el voto no será un arma del que nos dota la democracia como ciudadanos libres para apuntar al pecho de los políticos y decidir nuestro futuro. La realidad es que disparamos con polvora mojada y creemos elegir lo que otros ya han decidido por nosotros.

Las encuestas adelantan la intención de voto. Los ciudadanos marchamos orgullosos con nuestras papeletas, hayamos leído o no, como es la mayoría, los programas, pues está demostrado que un elevado % ya tiene decidido su voto con mucha antelación. Pero el poderoso caballero del que hablaba Quevedo, léase, don dinero, ya ha condicionado, con los oportunos estímulos, nuestra decisión. Nosotros solo portamos sus órdenes en forma de voto.

Pero qué quieren que les diga, que si algo me está enseñando este periodo de crisis que se expande como las alas de la mariposa en tiempo y espacio, es que ni siquiera el maldito parné, del que hablaba Marifé de Triana, tiene respuestas precisas a preguntas concretas y sus soluciones solo prolongan el problema. Así que nuestro voto puede que tenga más valor que nunca hasta ahora, o no, pues somos realmente los ciudadanos indefensos los que nos enfrentamos a un futuro incierto.

Los mercados han estado fluctuando y, pese a mi recurrente incitación a expertos economistas del ámbito nacional e incluso lectura crítica de premios nobeles como Krugman y Stiglitz, sigo sin tener luz suficiente para ver el horizonte, pero ni yo, ni nadie. A los países del fondo sur de Europa nos han hecho creer que convenía cambiar de líderes por serlos presuntos culpables y, pese a que la crisis sea global, parece que solo caben respuestas particulares impuestas desde Bruselas.

¡Bueno, vale, pues votemos! Dicen que así daremos garantía y confianza a los mercados, esos grandes desconocidos que engloban planes abstrusos de maquiavélicos estrategas, pues nadie se atreve a ponerles nombre. Bueno, sí: Goldman Sachs, Morgan Stanley, Standar & Poors, Fitch, Moody´s, etc. Ellos y no otros manejan la ingeniería financiera con tan sibilina destreza que un orfebre damasceno y un relojero suizo, a su lado, parecen aficionados de cincel y escoplo.

Votemos, sí, votemos, como decía antes sin haber leído los programas, pues muchos parecen clónicos, llegando a tener la sensación de un “dejà vu”, que dicen los franceses, donde solo cambia el año del encabezamiento y el lema del titular. Proclamaba el viejo profesorEnrique Tierno que “las promesas electorales estaban hechas para incumplirlas”. Ello nos evita la pesadilla de engullir un centenar o más de promesas que nadie lee, pocos cumplen y menos recordarán después.

Pero hay que dar confianza, porque alguien le ha quitado el tapón sureño a la bañera europea y nos vamos todos por el deagüe, a menos que obturemos la salida y restablezcamos el orden con la imposición de fortísimos recortes. Hay quien sugiere el paralelismo con un edificio en ruinas que ya ha sido apuntalado, pero más aparenta estar como decía el maestro Sabina “cerrado por derribo” y por tanto es mejor no parchear más, sino pensar ya en su reconstrucción.

El “club de los 5” está tocado, soberbias particulares al margen; el € muy resentido; algunos ecónomos apuntan que el principal beneficiario fuera el dólar y EE.UU.; el locuaz Sarkozy reabre el debate de las de las dos velocidades que ya denostó el excanciller Kohl años atrás; Merkel se dirime entre dar carnaza a sus votantes y desquitarse de ayudas a terceros o escuchar a sus bancos implicados en la deuda helena; los emergentes BRIC no han abierto la boca… ¡Pues vale!

Y con todo y con eso, estamos llamados a votar el 20N como la gran panacea que resolverá todos nuestros pesares con un golpe de marianismo, perdón, de malabarismo. No. Apelando de nuevo al gran Celaya, el voto “no es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto”. El voto es un arma cargado de futuro, de un futuro imperfecto, donde volveremos a creer que nosotros decidimos, mientras bailamos al son…que otros tocan.

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