Después del 20N, la vida sigue igual

Desde el pasado sábado 19, por una recopilación que acaba de presentar su intérprete, me tintinea incesantemente en los oídos una mítica canción, “La vida sigue igual”, balada que encumbró en 1968 a Julio Iglesias en el Festival de Benidorm. Y no es que sienta delectación por este cantante, pero la llamada a las urnas del domingo 20 le da sentido a esta acción.

Muchos fueron los que primero se creyeron que el ya presidente en funciones, Rodríguez Zapatero era el culpable absoluto de todos los males y chivo expiatorio que ofrendar a los dioses del omnímodo mercado. Pero tras hacerle purgar en el ara PPacis de sus rivales y erigir al líder Popular cual divino redentor que liberaría al pueblo exclavizado, hemos comprobado que las deidades del mercado siguen hambrientas de sacrificios. Es decir, a fecha de miércoles 23, estamos igual que una semana antes.

Si analizamos el comportamiento particular de los dos partidos mayoritarios comprobaremos que sus principales enemigos son internos. En el caso de los vencedores, por ajustar cuentas con los que un día albergaron la Esperanza de cortar la cabeza del Bautista, y ahora son ninguneados en la victoria. Pero también tendrán que considerar a todos los sectores empresariales, religiosos, ideológicos, mediáticos, que apostaron decididamente a caballo ganador por “don Mariano” y ahora esperan sus prebendas en forma de reconocimiento, unos crematístico, otros normativo, y otros solo con luces y taquígrafos públicos por la labor de zapa y erosión. Es decir, igual que hace una legislatura.

Si volvemos la vista a los derrotados, amén de ver los signos propios de una autoinmolación como redención por los pecados de soberbia, veremos como los herederos cual aves carroñeras, acuden prestos para repartirse las migajas y garantizarse que lo suyo prevalece, ahora bien, respetando la jerarquía y el poder de la tribu, que aquí llamaremos familias regionales. Pere hete aquí que los hay que piden que el bonzo resurja cual Ave Fénix de sus cenizas y vuelva para capitalizar el retorno del rey sin atisbarse una depuración escrupulosa de las opciones. Es decir, ya estamos igual que en 1996.

Una de las periodistas más destacadas de este país, Magis Iglesias, por vía Twitter, indicaba que “el problema del PSOE no es solo el líder, necesita un discurso moderno”. En la misma línea, mi admirado amigo y maestro Javier Manzano, en su excelente blog “El Foro de Charolito” habla, con apenas 72 horas del día de autos, de un “enzarzamientorespecto a quién deberá ser el nuevo cocinero y cómo se le elige, cuando lo que parece que debería haber es un debate respecto a qué menú se ofrece y se prepara, con qué ingredientes, con qué presentación”. Luego, ya no hablamos sólo de continente, sino también de contenido.

Respecto al resto del arco parlamentario, parece que la mayoría popular es más que suficiente para gobernar, que los partidos nacionalistas, la izquierda más a la izquierda y otros corpúsculos más al centro, se reservan el derecho al pataleo, pero sin opciones de hacer mas que mucho ruido y pocas nueces, y ante un partido bastante intolerante con las concesiones a la galería, sobre todo si son de tinte sexual, de género, independentista, etc. Léase, igual que el periplo 2000-04.

Sin embargo, varios elementos ya difieren de este plano que no hace sino producirme un eterno retorno al pasado, una sensación permanente de “dejà vu”. Uno es la presencia de una fuerza abertzale que otrora no condenaba la violencia terrorista y ahora se muestran como paladines de la libertad y los derechos individuales. Cierto es que la herida debe cicatrizar, pero el recuerdo es imborrable y el perdón prácticamente imposible. En aras a la convivencia pacífica y para consolidar el fin permanente del terrorismo deberíamos ver la entrega definitiva de las armas y una acto de contrición en favor de las víctimas, eso sí, a cara descubierta.

El otro es la primera reacción social que brota sin convocatoria oficial por parte de partidos, sindicatos, ni otros entes civiles, sino de manera espontánea, al albur de las redes sociales, como respuesta a una concatenación de hechos negativos, todos ellos del orden económico: paro, inflación, miseria, desahucios, desalojos. Bajo el marco de una fecha, 15 de mayo, una semana antes de las elecciones loco-regionales, un grupo de Indignados, según designación del escritor francés Stéphane Hessel, se reune en la Puerta del Sol de Madrid y luego por efecto contagio, en la Plaza de Cataluña de Barcelona y en otros centros neurálgicos de las capitales españolas, para protestar y mostrar su indignación ¡Qué pasará con este movimiento en adelante, es una gran incógnita!

También abro un espacio al papel más que relevante que están adquiriendo las redes sociales antes citadas y su potencia comunicadora e influyente, pues es una vía que apenas está en pañales y cuyo poder aún está por expandirse. Los ciudadanos hemos descubierto una herramienta capaz de hacer valer nuestra opinión y en cuestión de segundos verla propalada de punta a cabo. Todos los sectores empiezan a consolidar sus posiciones en las redes, pues quedarse fuera es ya sinónimo de inexistencia, y han de cuidar muy mucho tanto lo que dicen, como lo que se dice de ellos. Y los gobiernos y los partidos no son una excepción, ni los sindicatos, ni la patronal, ni los medios, ni la Iglesia, ni la Jefatura del Estado…

Y sobre la crisis, qué quieren que les diga, que no será tan intensa, ni tan duradera, ni tan profunda como otras, pues esta vez el ciclo describe una onda mas amplia en 3D (en el tiempo, en el espacio y por su transversalidad), y es cierto que muchas de sus huellas pueden quedar indelebles, pero hubo dos Guerras Mundiales, un crack financiero y varias réplicas en el s. XX y de todas las crisis hemos aprendido que se sale, sobre todo cuando hay especuladores por medio. Así que no parece haber muchos elementos que difieran de otras épocas.

Ahora se nos presenta un incierto futuro, con una deuda soberana que no tiene visos de refrenarse, pese a quien le pese y a quien ocupe la poltrona monclovita. Ni unas elecciones han saciado la codicia de unos mercados que ya devoraron los cadáveres exquisitos de griegos, irlandeses, portugueses e italianos, y ahora, cual serpientes, esperan devorar una presa flamenca, pero no saben lo indigestos que podemos llegar a resultar. Por lo que nos concierne, espero que el tiempo le dé la razón.

A la vuelta de la esquina ya se nos viene encima el frío, la lotería, los encuentros familiares…En definitiva que, por más vueltas que dé la situación, ¡la vida sigue igual!

Juan Manuel Vidal

Sociólogo y Periodista

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