TIEMPOS MUNDIALES BORRASCOSOS

Negros presagios se barruntan…oscuros nubarrones se atisban en lontananza…algo se está cociendo o precocinando en la distancia…y puede que la cuenta atrás haya comenzado ya.

La memoria histórica nos permite cotejar la situación crítica actual con la de otros tiempos pretéritos semejantes y si bien el contexto tecnológico no es igual, sí lo son sus protagonistas humanos, que se rigen por idénticos principios de supervivencia desde su origen sobre la faz de la Tierra.

Con solo recordar cuál fue el epílogo sangriento del crack del 29, como a juicio de muchos especialistas fue la II Guerra Mundial, podemos hacernos una ligera idea del panorama que se otea si un milagro no lo remedia.

He leído a muchos especialistas económicos internacionales tratando de desentrañar los misterios insondables de esta situación y el resultado es descorazonador: todos parecen coincidir en el origen, pero no así en el destino, ni en las salidas de este pozo ciego. Y todo parece encaminado a una huida hacia delante al grito de “¡sálvese quien pueda!”.

¡No, no quiero ser alarmista de forma innecesaria! Tampoco soy especialista en el análisis de la situación internacional, ni quiero especular gratuitamente con la verdad, pero sí me atrevo a elevar la voz para decir que hacen falta muchas más acciones que recortar por recortar sin que ello vaya acompañado de creación de empleo en la vieja Europa, pues unos ya han arrancado y otros parece que ni se han resentido.

Siendo medidas agresivas muchas de las decisiones ya aplicadas, dado que las causas originales así lo exigen, parece que el sacrificio es aún mucho más duro de lo que imaginamos.

Y mientras los gobiernos europeos, pueblerinos y paletos, se miran el ombligo y empequeñecen en un incomprensible movimiento centrípeto, el orden Internacional gira en una dirección que parece apostar más por medidas beligerantes hacia rivales que pugnan por intereses coincidentes, pues el poder de algunos se ha vuelto omnímodo y es mejor “estar en forma”, que no postrado.

En épocas pasadas se salía de baches así con enfrentamientos directos y si bien desde Yalta, Postdam, etc., apostamos más por la vía diplomática, nunca las buenas maneras han consentido la apropiación indebida de bienes ajenos, excepto en las confrontaciones bélicas, donde no hay leyes ni normas, salvo la de la supervivencia, y el que gana “se queda con la parte del león”.

La maquinaria militar, ayer, hoy, mañana y siempre, es engendradora de riqueza, aunque también de codicia, de odio, de maldad, de destrucción y de barbarie, pero quizá no quede otra salida que la de recuperar viejos comportamientos, casi olvidados si no fuera por los testimonios y documentos que lo avalan.

Los últimos acontecimientos mundiales y los próximos van a ser desagradablemente previsibles en cuanto a su finalidad y no en cuanto a ritmos. Países de todos conocidos se van a ver envueltos en el marasmo de las luchas de otros o van a protagonizar sus propios conflictos bajo la excusa de rivalidad regional, política, económica, religiosa, étnica, etc. Da igual, primero se monta la guerra y luego se reviste a conveniencia de parte.

La carrera de armas se desata en el sureste asiático; la crisis siria convierte a Rusia y Estados Unidos de nuevo en rivales; Israel abre un nuevo frente, ahora con Irán; ésta ultima aliada de Rusia y China, y también desafiante del gigante estadounidense; EEUU, que ha cerrado en falso el conflicto en Afganistán; la primavera egipcia e iraquí, que huelen a guerracivilismo; Corea del Norte frente a Corea del Sur; Pakistán revitaliza viejos conflictos con India; Europa al borde de la bancarrota; Inglaterra recupera las ignoradas Malvinas para pinchar a Argentina…

No se Uds., pero la sensación agria se estanca en los sentidos cuando se leen estas noticias y sus editoriales, que no son mero relleno. Otra cosa puede ser la intención de quienes lo publican y cómo lo publican, pero no seré yo quien mate al mensajero.

Todos somos observadores de la realidad, pero intérpretes tiene la iglesia, aunque las señales sean demasiado visibles para todo el que tenga conciencia crítica. Seguiremos de cerca los acontecimientos, pero no descarten nada.

Juan Manuel Vidal
Periodista y Sociólogo

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