Quedarse de miranda ante la Crisis

Recientemente un modesto equipo de la 2ª división B del futbol patrio, ha trascendido por su arrojo y entrega en la única competición donde son posibles los milagros, la Copa del Rey. El conjunto no es otro que el Mirandés, y pese a ser de Miranda, no se caracterizó precisamente por esperar y observar, sino por atacar y sorprender.

Cierto es que ha llegado donde su nivel de competencia le ha permitido, pero ha derrotado a rivales mucho más duros y su pundonor fue loado por los leones de la Catedral bilbaína con una larga ovación pues, pese a caer derrotados, lo hicieron con honor, con gallardía.

Usaré a este valiente a la par que humilde conjunto como metáfora de lo que debe ser este país ante una contienda muy grave como es la presente y manida crisis económica que conocen de primera mano tantos millones de corajudos conciudadanos que pelean contra fantasmas como el desarraigo, el hambre, el abandono, la depresión, la soledad, la ignominia, el olvido y contra entes nada etéreos como Bancos, Empresas, Administraciones, etc.

Como la susceptibilidad está a la orden del día, no quiero ignorar que son muchos también los que conservan su puesto, que deben defender con uñas y dientes su estatus, y más tras la aprobación de la Reforma Laboral, una medida necesaria, pero no por ello menos gravosa e injusta, pues derroca muchos derechos hasta ahora inalienables del trabajador, que verá mermados muchos de sus logros antaño consolidados.

El temor se ha apoderado de unos y de otros, pero mientras los primeros ven con angustia cómo se agotan sus fondos, su patrimonio, su capital, o ítem más, pierden sus propiedades como pago a cuenta de hipotecas, préstamos imposibles de liquidar, etc.; los segundos disponen del colchón por conservar lo anterior más los presuntos subsidios no ejecutados, de ahí que su situación parezca similar, pero cualitativamente no lo es.

Mirar para atrás y pensar los excesos cometidos, puede tener cierto valor terapéutico y servir como explicación de los errores que nunca más deben volver a cometerse, ¡pero nada más, basta ya de mirar hacia atrás con ira, pues las vacas gordas, emulando al maestro Forges, ya no volverán, y ahora tocará bailar no ya con las vacas flacas, ni lineales, sino de puntos (¡Me quito el cráneo ante tamaño talento!).

Vivimos una crisis de pánico propia de un transatlántico como el Titanic que ha topado con un iceberg o un crucero que encalla, como el Costa Concordia, ambos botados como indestructibles o insumergibles. La economía global y liberal sin regulación, salvo la consecuente de movimientos azarosos del mercado, se nos ha presentado como la panacea que resolvería los desajustes globales con mejor acierto que las regulaciones estatales centralistas.

Los modelos neosocialistas o  neoconservadores  en contienda no terminan de ajustar la oferta. Mientras unos omiten que una elite próxima al partido domina la escena, otros eluden que un lobby mueve capitales sin estar identificado y  según parece inmune al sentir de la ciudadanía. En realidad, aunque no aparente, sí está controlada por poderosos grupos y fondos que mueven capitales impunemente. Y es esa impunidad la que debe ser afrontada.

Se acometieron muchas medidas por mor de los trampantojos que venían de Bruselas, vía Berlín; se nos metió el miedo en el cuerpo y se buscaron chivos expiatorios; se cortaron cabezas y se erigieron nuevos líderes, algunos incluso arrancados de la caverna; y todo por la convergencia, por alcanzar las cifras de déficit, por frenar el endeudamiento…y ¡tanto miedo se nos metió, que nos ha dejado paralizados!

Nos hemos “quedado de miranda”, observando cómo pasa la catástrofe, esperando que escampe no el temporal, sino el tsunami que parece que asola por barrios, por estratos, por negocios, por sectores, sin miramientos, sin justicia, arrastrando cuanto encuentra a su paso…

Pero en verdad los ciudadanos no poseemos las herramientas, los aperos, los útiles para afrontar esta crisis, porque nadie nos ha provisto de ellos, porque confiábamos que los entes nada ectoplásmicos arriba mentados, léase, bancos, empresas y administraciones en sus diferentes niveles, obrasen en consecuencia y pusieran en marcha planes de salvaguarda, pero está claro que nada había previsto. Solo nos proveyeron de un arma, el consumo, pero nos dejaron sin munición, el crédito.

Me asalta pues la duda de si los manuales ya están caducos, y por tanto son inservibles, o en verdad las dimensiones del conflicto son tan desproporcionadas que cualquier cálculo somero se queda corto y es mejor ponerse en lo peor. Sea como fuere, me da la sensación de que tirios y troyanos, políticos y ciudadanos por igual estamos de miranda a la espera de un mesías, de un milagro o del cataclismo final que acelere nuestro mal.

Alguien debe dar los primeros pasos, digo yo; alguien debe ser motor para arrancar y salir del caos; alguien debe aportar la fuerza locomotriz para arrastrar a los demás; alguien debe organizar y distribuir los capitales y los esfuerzos; alguien debe poner la mano de obra; alguien debe formarla, en vez de consentir la huída desaforada de jóvenes hacia “el dorado”… En definitiva, ¡ALGUIEN DEBE HACER ALGO!

Desde hace unos meses ya no solo en España, donde es dolosa la situación, sino en la vieja Europa, cunde la idea de la inevitabilidad, de la ineroxabilidad de los acontecimientos, como si nada pudiera hacerse, como si toda medida fuera escasa y tardía, pues a la hora de su aplicación ya faltan nuevos recursos por bajeza de miras.

Si algo hemos aprendido en este periodo es que la voluntad ciudadana es muy voluble ante el miedo; que los gobiernos locales, regionales y nacionales son marionetas de las entidades supranacionales; pero, por desgracia, éstas parece que tampoco tienen el bálsamo de fierabrás que todo lo cura…

Entonces, ¿para qué sirven el BCE, el FMI, la OCDE, el Parlamento Europeo, si no aportan soluciones radicales, definitivas, resolutivas, eficientes, más allá de derrocar a títeres descabezados? Y conste que solo pregunto por Europa, porque si miro hacia Siria, Palestina, Irán, Afganistán o al continente africano en su conjunto, me dan ganas de llorar pensando en la ONU, la Liga Árabe, etc.

Ni se puede vivir en la opulencia del crédito ni se puede pasar a la indigencia por indiferencia de los fondos especulativos. Sea con tasa Tobbin; colocando aranceles aduaneros; gravando a los intermediarios; y/o pasando a la economía de racionamiento en espera de que la glaciación en el norte derive en migraciones masivas hacia un sur dotado de abundantes pisos vacios e impagados…poco que cambiar, solo atisbar alguna propuesta contra la desesperanza. Ese es el reto, claro que sí.

Desearía destilar más optimismo. Quizá podáis ayudarme, ¿qué decisiones creéis que se están aplazando o que hay miedo a aplicar para salir de esta crisis? Y solo hablo de la económica, que produce una reacción en cadena que afecta a todos los órdenes de la vida, pero de ellos, seguiremos ocupándonos en próximas entregas de este blogg.

 

Juan Manuel Vidal

Periodista y Sociólogo

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