Mascarada de Rajoy

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El Presidente Rajoy compareció en el Senado para negar todo cuanto el extesorero del Partido Popular había declarado sobre financiación irregular del partido y sobre el cobro de sobresueldos en dinero negro, aunque asumió su error “por haber confiando en quien no lo merecía”. Rajoy pasó a la defensiva y centró sus ataques en el jefe de la Oposición, Pérez Rubalcaba, que vio frustrada sus expectativas, junto al resto del arco parlamentario, porque el Presidente ni dimitirá ni convocará elecciones. Seis horas de debate casi para nada.

Llegó el día tan esperado por toda la Oposición, ése en que había logrado doblegar la voluntad del presidente de un gobierno que no estaba por la labor de “dar pábulo” al escándalo de las cuentas del partido gobernante y al cobro de sobresueldos durante los últimos veinte años de miembros de la ejecutiva del mismo. Pero, como suele ocurrir cuando las expectativas son tan altas, la frustración ha llegado a posteriori.

El Presidente Rajoy ha optado por no escurrir el bulto desde el principio, y salvando unos instantes de toma de posición con el recuerdo al accidente de tren de Santiago y una ligera alusión a las presuntas cifras macroeconómicas que podrían dibujar un panorama socialmente alentador, pasó directamente a citar por primera vez en muchos meses el nombre y apellidos de su exgerente y luego tesorero. Y lo hizo hasta en 15 ocasiones más y en casi todas ellas este último no salía muy bien parado. Pero un fue el único.

El líder Popular siguió esa máxima de que “la mejor defensa es un buen ataque”, y tras reconocer como único error haber confiado en Luis Bárcenas cuando no lo merecía, y aceptar que se equivocó “al pensar que era inocente quien no lo era”, avisar que su intención ayer era “desmentir mentiras e insinuaciones maliciosas”, y reconocer que no es “un compendio de virtudes, soy una persona recta y honrada”, optó por atacar sin piedad al líder de la oposición, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, empleando incluso citas textuales de éste como particular vendetta por haberle arrastrado a comparecer bajo la amenaza de una moción de censura que nunca podría ganar por la mayoría parlamentaria.

Lamentablemente ese cuerpo a cuerpo dialéctico se ha llevado por delante el centro de atención del debate que debía haberse centrado en las explicaciones que el resto de fuerzas políticas pero sobre todo la ciudadanía española e influyentes medios financieros internacionales le demandaban. Pese a insistir en que comparecía por decisión propia todo el mundo sabe que las presiones de fuera resultaron aplastantes y decisivas, pero incluso desde dentro del PP hubo quien sugirió que estos medios, Financial Times y The Economist, se había dejado influir por el líder socialista ¡Como si fuera tan fácil!

Un debate de reproches

Los reproches mutuos vinieron primero de un aparentemente tranquilo Rajoy, quien afirmó que “muchos de ustedes no quieren explicaciones, sino me que declare culpable (…) y no lo soy (…), no tengo constancia alguna de que mi partido se haya financiado ilegalmente; el suyo sí, y lo han dicho los Tribunales” (en alusión al caso Filesa, aunque los tribunales entonces solo imputaran a personas y no a instituciones). Rubalcaba, como buen encajador, apuntó que aceptaba “el cuerpo a cuerpo (…) porque yo jamás he cobrado un sobresueldo; ni he bajado el sueldo a los españoles y me he subido el mío; ni he enviado SMS a un delincuente”.

En alusión a la recepción de los mensajes SMS intercambiados con su ex tesorero Rajoy aceptó que mostraba su apoyo y solidaridad a todos sus colaboradores cuando éstos hubieran tenido dificultades, indicando que “confié en el señor Bárcenas y contesté a sus mensajes y hablé con él, y le pedí que dejara la tesorería en 2009 y en el 2010 dejó el Senado y la militancia y en el 2011 fue desimputado y varios meses después fue imputado”, añadiendo la duda de “¿Cómo iba a desconfiar de una persona cuyo trabajo avala año tras año el Tribunal de Cuentas?”, obviando que la el dinero B no se lleva a dicho Tribunal.

Lo curioso es Rajoy seguía manteniendo correspondencia con su extesorero pese a saber que éste disponía de cuentas ilegales en Suiza. “Esperaré a que la justicia acabe su trabajo (…), se demostrará que nada ilegal ha habido ni en mi comportamiento ni en el de mi partido”. Rajoy apuntó que “lo que dice el señor Bárcenas no es verdad y a partir de ahí, solo cabe el juez. Esta es una Cámara parlamentaria y no un tribunal. Hay quien quiere convertir el Parlamento en una enorme comisaría”. Rajoy mostraba una aparente seguridad en sí mismo avalada por el jaleo constante de su grupo parlamentario, que había recibido consignas por parte del Vicesecretario de organización, Carlos Floriano, de alentar al líder popular.

Como es natural, Rubalcaba no se iba a quedar callado y le respondido al Presidente que había  comparecido para intentar salvarse. “Usted está haciendo daño a España y hoy le pido que se marche; le pido un gesto de generosidad con un país que no puede tener a un presidente como usted”, recalcó enfático el líder de la Oposición. Este no se ha andado por las ramas y ha interpretado que Bárcenas empezó a ser un delincuente cuando dejó de “disimular su letra con los peritos calígrafos y rompió el silencio y don Luis Bárcenas pasó a ser un compañero de oficina con el que ustedes se cruzaban alguna vez en el ascensor”, cuando lo indiscutible es que su relación se retrotrae al menos veinte años atrás. Rubalcaba ha buscado hacer sangre con los SMS, pero no parece haber hecho mella. Su amenaza de moción ha quedado en el aire.

El resto de partidos de la Oposición apenas ha enturbiado la mañana de Rajoy, salvo con declaraciones altisonantes y grandilocuentes de un diminuto David, contra un gigante Goliath. Cayo Lara de IU le ha dicho que “este debate no puede ser un pleno de punto y final; dimita y convoque elecciones, devuelva la voz al pueblo”; para Duran Lleida (CiU) este tema es un verdadero varapalo a la “credibilidad de España”; Rosa Díez le echó en cara que “la mentira es su debilidad y eso no tiene perdón. Por patriotismo constitucional dimita, tenga el valor de dimitir”; y finalmente, por destacar una opinión más, Joan Coscubiela (ICV) le ha espetado que “este país no se merece tener un corrupto político al frente de la presidencia del Gobierno (…) Sin su colaboración el delincuente Bárcenas no existiría (…) Dimita y convoque elecciones”.

Bárcenas tiene la palabra

La única voz amiga que se ha oído, como no podía ser de otra manera, es la del portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, que ha sugerido  técnicas insidiosas y marrulleras por parte de algunos portavoces parlamentarios, acusándoles de creer antes a Bárcenas desde la cárcel que al presidente y ha afirmado que el PP “también tiene derecho al honor; sus militantes y sus votantes”. Finalmente repartió estopa entre el resto de partidos, recurriendo al tópico del “y tú más” que parecía eludir a toda costa el propio Rajoy. Y ahí se acabaron el ruido  y las nueces. Un poco de economía, por parte de Rajoy,  para salpimentar el insulso debate, ¡y listo!

Ahora solo queda esperar la respuesta del imputado y encarcelado extesorero, pues hasta ahora parece haber “llevado la manija” del asunto con sus filtraciones interesadas. El juez Ruz ha pospuesto hasta el regreso de sus vacaciones la instrucción, pero ha dejado caer una fianza por responsabilidad civil a Rosalía Iglesias, la mujer de Bárcenas de 6 M€, lo que, junto a las declaraciones de hoy del Presidente del Gobierno, pueden hacer estallar al aludido o bien medrar sus fuerzas y repensar una estrategia hasta después de las vacaciones judiciales, cuando el impacto fuera mucho mayor.

Sinceramente hay que cuestionarse si merece mayor crédito una persona que presuntamente ha acumulado ilegalmente una fortuna personal de casi 48 M€ o un presidente del gobierno al que el primero acusa de haber cobrado sobresueldos en dinero negro durante años. Pero las pruebas son las pruebas y no hablamos de “un renglón escrito al vuelo en un papel arrugado escrito a mano”, que alude a los llamados papeles de Bárcenas. Estamos ante un caso muy grave de corrupción que implica a uno de los dos partidos mayoritarios de España, actualmente en el Gobierno, y de un presidente directamente afectado por las acusaciones de uno de los responsables de las cuentas de su partido.

Francamente las explicaciones hoy vertidas por el presidente del Gobierno español pueden quedar en agua de borrajas si el confinado Bárcenas conserva aún el as definitivo en la manga o bien pueden ser la tapadera del cofre que entierre a perpetuidad al viejo compañero de armas al que otrora se le perdía que “resistiera y fuera fuerte” hasta que éste decidió cambiar de estrategia. Y es que hay amistades poco resistentes a la fricción y a la responsabilidad. La Oposición ha resultado ninguneada y el pueblo completamente ignorado y burlado.

En definitiva una mascarada por parte del Presidente, que afirmó que estaba allí “motu proprio” cuando había sido  arrastrado de las orejas y “puesto colorao” por los poderes fácticos de las finanzas. Permítanme que concluya recordando uno de los mejores aforismos jamás escritos en el mundo de la política y por uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica: “Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”, Abraham Lincoln. #Findelacita

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