“Fun, fun, fun”

navidad

Las construcciones modernas no consisten en poner piedra sobre piedra, ni ladrillo sobre ladrillo, como antaño,  pese a que toda demolición, incluso las actuales, consista en tirar lo construido, sin tanto esmero, exceptuando voladuras exquisitas.

La Sismología, rama de la Geofísica encargada del estudio de los terremotos, nos ha enseñado a prevenir parte de los efectos de los movimientos telúricos y, en consonancia con la ingeniería y la arquitectura, crear obra civil y militar capaz de contrarrestar buena parte de sus devastadores efectos, salvo cuando pilla de imprevisto y terminamos cobijándonos debajo de castillos de naipes, en cuyo caso sólo contaremos desgracias.

Lo que pasó el 20D 2015 fue consecuencia de los pequeños sismos que anticipaban el gran terremoto, teniendo su principal réplica el 26J, y todo hace indicar que proseguirá hasta el 25D, “fun, fun, fun”.

No. No son las batidas salvajes de las placas tectónicas chocándose unas con otras, son las hostias derivadas de la falta de acuerdo entre las fuerzas políticas concurrentes.

Sí ya hemos descontado 2016 por su inoperancia electoral, creo que quedará poca chanza para las Navidades, si finalmente se consuma la tragedia. Por suerte no será tan sangrienta como en Amatrice este verano, que se saldó con 290 víctimas mortales y miles de heridos y damnificados.

La tragedia es de otra magnitud, lo mismo que sus consecuencias pero, a efectos políticos, llevar 12 meses sin gobierno en firme es un cataclismo en todos los órdenes y del que costará recuperarse.

Las convulsiones vienen de atrás, por la aplicación de medidas extremas, radicales y, a fe de muchas víctimas, desproporcionadas. La reacción popular de rechazo empezó con las protestas del 15M y la inolvidable acampada en la Puerta del Sol, que despertó conciencias adormiladas, adocenadas, acomodadas.

Luego llegaron las elecciones locales y regionales de 2015 que evidenciaron que algo gordo se estaba gestando: el fin del bipartidismo y la gestación de un nuevo modelo que pedía a gritos consenso, diálogo, negociación, pactos, por medio de la atomización de los polos a fin de evitar la manida ley del péndulo y la renovación del superado turno Pacífico de partidos de Cánovas y Sagasta.

Sin embargo, casi 300 días después de disolverse las Cámaras, el 27 de octubre de 2015, y celebrados ya dos comicios, solo se oyen los gritos arrabaleros, barriobajeros, de unos candidatos incapaces de entender e interpretar el clamor popular y que sólo buscan consolidar sus posiciones y privilegios.

Quizá este escrito sobre al no aportar nada nuevo, pero lo mismo que los artículos y editoriales de tantos colegas metidos a augures y taumaturgos. Por tanto, tengo el mismo derecho a alzar la voz y errar o acertar que ellos.

La última diatriba u ocurrencia carpetovetónica, a modo de provocación, es emplazarnos al 25D para votar por tercera y quién sabe si enésima vez.

¿Saben lo que les digo? Que si ellos no toman en serio su labor y se jactan de humillarnos de tamaña guisa, creo que lo mejor es quedarse en casa y cogerse la cogorza del año a su salud.

Estoy de acuerdo en que hay posiciones irreconciliables, que el mito de las dos Españas es eterno en política, en Economía… ¡coño, si hasta en el fútbol haberlo, haylo!

Esto no significa que debamos quedarnos mirando la pared de hormigón, sino franquearla por los lados, por arriba, por abajo, pero nunca tratar de abatirla con la cabeza por riesgo de romperla… ¡la cabeza, claro!

La segunda embestida, e investidura, ha evidenciado que la barrera es más dura que las seseras de los líderes en liza. Quizá sea hora de que nuevos estrategas salten al Campo de Marte y propongan nuevas ardides. Ya lo advertimos meses atrás desde una tribuna similar: empate técnico, ¿recuerdan? pero nadie hizo caso porque está tribuna ni es paisana, ni mundana, ni tendrá la razón.

La libertad de escribir donde uno puede o le dejan permite un margen de maniobra lejos de maniqueísmos, del “estás con nosotros o contra nosotros”. Por ahora la tinta de mi pluma es libre y ésta última es más fuerte que la espada que algunos esgrimen. Puede que mis letras se pierden como lágrimas en la lluvia, pero no antes de interpelar a los irresponsables que anteponen su cerrazón y tozudez y se pasan nuestras opiniones por el forro de sus caprichos.

Esta Navidad les invito a entonar libremente el “fun, fun, fun” con una copita de cava y mandar a hacer puñetas a quienes son incapaces de dialogar. De hecho, no descarten que la señal esa del espacio esté dirigida a España y proceda de nuestros compatriotas del más allá, avisándonos del peñazo que nos vamos a dar de seguir con esta actitud de intransigencia.

Aclaro para evitar luego malos entendidos: no instó a la sumisión electoral sin más. No. Clamo tras dos mini legislaturas baldías, para que no se juegue más con la voluntad popular. Acudiré una y mil veces más, pero cuando demuestren que nuestro voto sirve realmente para algo y no como chantaje, ni como amenaza.

En esta vida todos debemos respetar al prójimo, pero también hacernos respetar por el resto. Si alguien se ríe en nuestra cara con tanto cruce de acusaciones, con tanta negación de errores y abusos, con tanto exceso verbal, sólo podemos mostrar nuestra rabia privándoles de nuestro apoyo ¿y entonces qué? Entonces deberán esforzarse más en comprender nuestro mensaje: ¡Con nuestro voto no se juega y que cada uno analice si se siente o no respetado y representado!

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